Bodegas RE: las tinajas de la familia Morandé en Casablanca
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Casablanca
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Ensamblajes
Si el Valle de Casablanca tiene un padre fundador, es Pablo Morandé Lavín: el enólogo que en los años ochenta plantó las primeras parras serias del valle y demostró que el frío costero podía dar grandes vinos. Bodegas RE, fundada en 2008 junto a su familia, es su proyecto personal —y su desquite creativo—: una bodega construida alrededor de tinajas de barro, ensamblajes que no existen en ninguna otra parte y una cava subterránea que huele a la memoria del vino chileno. Abierta al público desde fines de 2012, es hoy la visita más singular de la ruta.
El regreso del pionero
La historia de RE solo se entiende con la biografía de su fundador. Morandé fue quien apostó por Casablanca cuando el valle era secano de trigo, y su éxito arrastró al resto de la industria: en dos décadas, el valle pasó de experimento a denominación consagrada. Cuando llegó el momento de hacer algo propio, el pionero no eligió repetir la fórmula que él mismo había instalado, sino contradecirla: menos acero inoxidable y más barro, menos varietal puro y más mezcla, menos manual moderno y más oficio antiguo.
El nombre lo dice todo: REcrear, REinventar, REvelar. La bodega se piensa como una relectura de las formas históricas de hacer vino en Chile —las tinajas, las crianzas largas, los métodos ancestrales— con la libertad de quien ya no tiene nada que demostrar. El proyecto es familiar en sentido literal: la generación siguiente de los Morandé trabaja en la bodega, y esa continuidad le da al experimento una vocación de permanencia.
Las tinajas y la cava subterránea
El corazón físico de RE es su cava subterránea, donde descansan las grandes tinajas de barro en las que fermentan y se crían buena parte de los vinos. La tinaja es el recipiente original del vino chileno —el que usaron las haciendas durante siglos antes de la llegada del acero— y RE la devolvió al centro de la escena a una escala que ninguna otra bodega del país maneja. Bajar a la cava es el momento memorable de la visita: penumbra, barro, silencio y vinos que evolucionan a un ritmo que el acero no conoce.
Alrededor de las tinajas se despliega el resto del universo RE: vinos criados bajo flor al estilo de los generosos, vinos naranjos de maceración larga, y una sala entera dedicada al vinagre —una excentricidad deliciosa que ninguna otra viña chilena exhibe—, además de un rincón de licores artesanales. El conjunto no se parece a nada más en el valle: donde otras bodegas muestran tecnología, RE muestra memoria.
Los vinos: ensamblajes con nombre propio
La firma más reconocible de la casa son sus mezclas bautizadas por fusión: Chardonnoir, un ensamblaje de Chardonnay con Pinot Noir; Pinotel, Pinot Noir con Moscatel rosada; Cabergnan, Cabernet Sauvignon con Carignan de parras viejas del Maule. Son vinos que rompen la lógica varietal dominante en Chile y que convierten cada etiqueta en una pequeña provocación. A la serie se suman el Vigno RE, un Carignan criado en tinaja, el RE Nace de parras plantadas en 1950 y el RE Noble, un vino dulce de botrytis que la crítica cuenta entre los mejores de su tipo en el país.
El puente con Casablanca está en la fruta: el Chardonnay y el Pinot Noir del valle aportan la tensión fría que estructura varios de estos ensamblajes, mientras el Carignan viejo del sur pone la profundidad. Es un catálogo para bebedores curiosos: quien busca el enésimo Sauvignon Blanc correcto tiene todo el valle a disposición; quien quiere probar algo que no ha probado nunca, viene aquí.
La visita: Tour RE y catas en la cava
La experiencia de visita está a la altura del proyecto. El Tour RE recorre la bodega y sus tinajas y remata en una cata acompañada de charcutería; las catas RE se sirven directamente en la cava subterránea histórica, entre tinajas, con productos locales en la mesa. Hay además recorridos por el viñedo y opciones de picnic y almuerzo para estirar la jornada entre las parras.
La bodega recibe visitantes de lunes a sábado, siempre con reserva previa obligatoria — no es una parada de improviso. Conviene asegurar el cupo primero y ordenar el resto del día alrededor: por cercanía al pueblo de Casablanca, RE combina bien con casi cualquier otra bodega del valle. La guía de tour del vino ayuda a armar ese rompecabezas de horarios, y los restaurantes del valle resuelven el almuerzo cuando no se opta por el picnic.
Cómo llegar y con qué combinar
RE queda en las afueras del pueblo de Casablanca, sobre el camino F-850, a pocos minutos del cruce central del valle. Desde Santiago son poco más de una hora por la Ruta 68; desde Valparaíso o Viña del Mar, unos cuarenta y cinco minutos. La página de cómo llegar detalla los accesos. Por posición y por contraste, una jornada redonda puede unir la cata ancestral en RE con una visita clásica de clima frío —un Sauvignon Blanc costero en cualquiera de las casas del poniente— para ver los dos extremos del valle en un solo día.
Conclusión
Bodegas RE es el proyecto más personal del Valle de Casablanca: el lugar donde el pionero que inventó el valle moderno se dio permiso para reinventarlo otra vez, ahora hacia atrás, hacia las tinajas y los oficios antiguos. Sus ensamblajes de nombre fusionado, su cava subterránea y su sala de vinagres componen la visita más distinta de la ruta. Para el visitante, la recomendación es clara: reservar con anticipación, bajar a la cava sin apuro y salir con al menos una botella que no se consigue en ninguna otra parte.