Attilio & Mochi: vino natural y artesanal en Casablanca
Sub-zona
Casablanca (Ruta F-90)
Cepa insignia
Tintos de clima frío
Entre las grandes casas del Valle de Casablanca, Attilio & Mochi juega en otra escala y con otras reglas. Es una viña boutique y natural, nacida del sueño de una pareja brasileña que buscó por el mundo un terruño de clima frío y lo encontró aquí. Producción artesanal de apenas unas barricas por variedad, energía solar, una bodega hecha con contenedores reacondicionados y el orgullo de haber plantado la primera Grenache del valle: pocas paradas de la ruta condensan tanta convicción en tan poco tamaño.
Una pareja, un sueño y un viñedo en Casablanca
La historia empieza lejos de Chile. Marcos Attilio y Angela Mochi comenzaron a hacer vino en Brasil en 1999 y, con los años, fueron tras un objetivo claro: un lugar de clima frío donde elaborar los vinos que querían. La búsqueda los trajo a Chile y, en 2011, a plantar su propio viñedo en el Valle de Casablanca. Desde entonces, el proyecto se ha mantenido deliberadamente pequeño, con los dueños involucrados en cada etapa, del viñedo a la botella.
Ese carácter personal marca la experiencia de visita. No hay grandes salas ni recorridos masivos: con frecuencia es la propia Angela Mochi quien recibe y guía la cata, contando de primera mano por qué eligieron cada cepa y cada forma de trabajo. Es la clase de encuentro que solo ofrecen las bodegas de autor, y que convierte una visita en una conversación.
Vinos de clima frío, hechos a mano
La gama de Attilio & Mochi sorprende por su variedad dado el tamaño de la casa. El foco está en los tintos de clima frío, pero el catálogo abre el abanico: Sauvignon Blanc, Pinot Noir, Malbec, Cabernet Franc, Roussanne, Viognier y Grenache conviven con un vino naranjo y una mezcla fortificada. Es un repertorio de explorador, más atento a la curiosidad que a la fórmula segura.
El hito que mejor resume ese espíritu es la Grenache: Attilio & Mochi fue la primera viña en plantarla en el Valle de Casablanca, una variedad mediterránea poco habitual en un valle definido por el frío. Como la producción es mínima —a veces solo unas pocas barricas por etiqueta—, la selección disponible cambia de una cosecha a otra. Por eso la cata en la propia viña no es un complemento, sino la única forma fiable de conocer qué se está elaborando en cada temporada.
Solar, sustentable y de escala humana
Lo que distingue a esta bodega no es solo lo que hay en la copa, sino cómo se hace. La operación funciona con energía solar y sus construcciones se levantaron reutilizando contenedores marítimos; el viñedo se maneja de forma orgánica, con compostaje propio. Nada de esto es decorado: es la lógica de un proyecto pequeño que decidió pesar poco sobre su entorno.
Attilio & Mochi son además miembros del MOVI, el Movimiento de Viñateros Independientes, la agrupación de pequeños productores chilenos que elaboran y embotellan sus propios vinos al margen de las grandes compañías. En un valle donde conviven casas industriales y talleres de autor, pertenecer al MOVI es una declaración de independencia y de foco en la expresión personal del vino. Para el visitante, se traduce en autenticidad: una viña donde la historia, las manos y la copa son de la misma gente.
La visita
La experiencia es de cata y conversación, sin restaurante ni infraestructura de gran escala. El recorrido pasa por el viñedo y desemboca en la degustación de los vinos de la casa, guiada por sus propios dueños. Es una propuesta pensada para quien disfruta entender el detrás de escena: por qué se plantó una cepa inusual, cómo se trabaja sin intervenir de más, qué aporta el frío del valle.
La reserva previa es imprescindible y, como en muchos productores pequeños, suele pedirse un anticipo al reservar. Conviene confirmar la dirección y el acceso, ya que la viña queda sobre la Ruta F-90, kilómetro 6, algo apartada de la vía principal. Para ordenar la jornada con otras paradas, la guía de tour del vino ayuda a encajar los horarios, y la página de cómo llegar resuelve el trayecto desde Santiago o la costa.
Cómo encaja en la ruta
Attilio & Mochi es la parada que aporta contraste. Después de una gran casa con salas amplias y catas de varias copas, esta viña ofrece el otro extremo del valle: lo pequeño, lo natural, lo personal. Combina bien con una visita a alguna bodega mayor por la mañana y una tarde de cata íntima aquí, o al revés. Quien arma su recorrido a partir del directorio de viñas encontrará en Attilio & Mochi el punto de descubrimiento, esa bodega escondida que suele quedar como la sorpresa del día.
Conclusión
En un valle que hizo historia con sus grandes blancos, Attilio & Mochi recuerda que también hay lugar para el vino de autor: artesanal, natural y hecho por sus propios dueños. Su Grenache pionera, su bodega solar de contenedores y su pertenencia al MOVI resumen una forma de entender el oficio que privilegia la convicción por sobre el volumen. Para el visitante que busca autenticidad y una cata cara a cara con quienes hacen el vino, reservar con tiempo y llegar sin apuro deja lista una de las experiencias más personales del Valle de Casablanca.