Viña Villard: bodega boutique familiar del Valle de Casablanca
Sub-zona
Tapihue
Cepa insignia
Pinot Noir
Entre las grandes casas y los proyectos corporativos del Valle de Casablanca, Villard Fine Wines defiende otra escala: la de una familia que hace vino con su apellido en la etiqueta. Fundada en 1989 por el francés Thierry Villard y conducida hoy por su hijo Jean-Charles, la viña del sector Tapihue se presenta como la primera casa familiar chilena de vinos premium boutique. Pinot Noir y blancos finos, un Syrah ícono de parras en cabeza, tours guiados por los propios dueños y un bistró francés entre las parras: pocas paradas de la ruta condensan tanto carácter en tan pocas hectáreas.
Un francés en Casablanca
Thierry Villard llegó al vino chileno con pasaporte francés y experiencia australiana: trabajó en la industria en Australia antes de decidir que su proyecto propio estaría en Chile. En 1989 —cuando el Valle de Casablanca daba apenas sus primeros pasos— fundó la casa que lleva su nombre, sumándose a la primera ola de pioneros que apostaron por el frío costero para hacer blancos finos y Pinot Noir cuando casi nadie los hacía en el país.
Tres décadas y media después, la sucesión está resuelta en casa: Jean-Charles Villard, hijo del fundador, conduce hoy el proyecto y le ha añadido su propia línea experimental. El sello familiar no es retórica de folleto — son los propios Villard quienes suelen recibir y guiar a los visitantes, y existe incluso una experiencia específica de recorrido con los dueños. En un valle donde el enoturismo tiende a profesionalizarse, esa cercanía es cada vez más rara y más valiosa.
Los vinos: del Expresión al Tanagra
El catálogo de Villard se ordena en una escalera nítida. La línea Expresión —Sauvignon Blanc, Chardonnay, Pinot Noir, Syrah— es la puerta de entrada al estilo de la casa; la serie Grand Vin eleva las mismas cepas (más un Cabernet Franc y un ensamblaje) a su versión fina; y en la cúspide están los íconos Tanagra y Arganat. La producción total ronda las ciento veinticinco mil botellas al año: escala boutique real, no eslogan.
La joya es el Tanagra, un Syrah de un cuartel único plantado en cabeza —bush vines, al modo antiguo— del que se elaboran cantidades mínimas. Es una doble rareza para Chile: Syrah de clima frío en un valle de blancos, y conducción en cabeza en un país de espalderas. A su lado, la línea JCV del hijo del fundador aporta el costado inquieto de la nueva generación: Semillón, Carignan, Grenache y un Pinot Grigio vinificado al estilo Ramato, con maceración en pieles a la manera del norte de Italia.
La visita: la familia como guía
La oferta de enoturismo es de las más completas del valle en su escala. El tour premium (una hora y media) recorre bodega y sala de barricas y termina en una cata de cuatro vinos acompañada de bruschettas; hay un recorrido breve de media hora, una cata sola para quien va justo de tiempo, un tour privado y la experiencia distintiva de la casa: el recorrido guiado por los propios dueños, disponible para grupos de al menos cuatro personas entre semana.
Los tours se ofrecen en español, inglés y francés —herencia natural de la casa— en horarios fijos de media mañana a media tarde, de miércoles a domingo. La reserva previa es en la práctica imprescindible y se coordina directamente con la viña. Para ordenar la jornada completa en el valle, la guía de tour del vino ayuda a encajar horarios entre bodegas vecinas.
Chez Villard: el bistró entre las parras
La otra firma de la casa es su bistró, Chez Villard, que lleva el acento francés de la familia a la mesa. La propuesta combina carta a la carta con un menú de tres tiempos maridado con los vinos ícono de la casa — un maridaje pensado desde adentro, porque quien cocina y quien hace el vino comparten techo y apellido. Entre las mesas de viña del valle, es una de las de mayor personalidad, y convierte la visita en un plan de medio día: tour premium, cata y almuerzo largo sin moverse del fundo.
Para quien arma itinerario, la ubicación juega a favor: Villard está en el sector Tapihue, camino Tapihue kilómetro 14,5, a pocos minutos de William Cole y de la Estancia El Cuadro. El micro-sector permite una jornada entera sin traslados largos — una cata didáctica, un almuerzo francés y una tarde de campo, todo en un radio de minutos. La página de cómo llegar resuelve el acceso desde Santiago o la costa.
Conclusión
Villard es la prueba de que en Casablanca la escala pequeña puede ser una ambición y no una limitación: treinta y cinco años de oficio familiar, un catálogo que va del Sauvignon Blanc de entrada al Syrah de parras en cabeza, y una hospitalidad que todavía lleva el apellido de la puerta. Para el visitante, la fórmula ganadora es clara: reservar el tour premium —o, mejor, el recorrido con los dueños si se reúne el grupo—, quedarse a almorzar en Chez Villard y salir de Tapihue con un Tanagra en la maleta, si la cosecha lo permite.